Reportajes

Mutaciones del patriarcado

El neomachismo arrasa entre la población menor de 20 años

Marina Borràs. Castellón

En las últimas décadas las mujeres han experimentado grandes avances en materias políticas, sociales y económicas. Esto ha supuesto que el machismo esté cada vez peor visto por la sociedad, pero no ha evitado que se produzca una transformación de las actitudes machistas que ha dado lugar al neomachismo. Este se apoya en argumentos que, a pesar de ser diferentes de los del machismo tradicional, mantienen la base de subordinación de la mujer sometida al sistema heteropatriarcal. Estas ideas se han extendido rápidamente entre la población joven, gracias en gran parte al auge que las redes sociales y las nuevas tecnologías han tenido en los últimos años.

El neomachismo podría definirse como el machismo vestido de manera más leve y menos evidente. Esta corriente ideológica se apoya básicamente en seis argumentos:

  1. La violencia no tiene género, porque también hay violencia contra los hombres
  2. No soy feminista ni machista, creo en la igualdad
  3. Hay muchas mujeres que denuncian malos tratos y es mentira
  4. El lenguaje inclusivo es una tontería
  5. Las mujeres que luchan por sus derechos son unas feminazis
  6. Los piropos no son acoso

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La violencia de género se relaciona directamente con esta ideología, y el repunte que este fenómeno ha sufrido en los últimos años ha hecho que las cifras de víctimas de la violencia machista se disparen entre la gente joven. Por lo tanto, si Mecano escribiese ahora la canción que dice «no controles mi forma de vestir», debería añadirle «ni mi hora de conexión de WhatsApp o mi perfil de Facebook». Y es que, tal y como apunta el psicólogo Javier Brotons, «las redes sociales son un instrumento muy rápido, eficaz y barato para poder ejercer la violencia y establecer mecanismos de control». Además, también incide en que «la sociedad normaliza estos comportamientos, pero no son normales, cualquier actitud de control consciente tiene una intención y esa intención es una agresión hacia la mujer».

Marta Pérez, mujer que fue maltratada psicológicamente desde los 15 hasta los 18 años, expresaba que su expareja era una persona muy celosa y posesiva: «siempre hacíamos lo que él quería. Al principio de la relación él no era así pero, con el tiempo, empezó a querer quedar siempre conmigo, no quería que hablara con mis amigas y tenía controladas mis redes sociales y mi móvil».  Estas actitudes de control sobre la actividad online de la mujer -sus amigos en Facebook, sus publicaciones en Twitter o sus fotos en Instagram–  son las nuevas formas de maltrato que se han extendido sobre todo entre los jóvenes y han terminado por normalizarse. Esto ha llegado a tal punto que un adolescente puede generar mucha ansiedad al pensar que su novia puede estar en una discoteca con otras personas, lo que le lleva a respuestas inconscientes, que tiene asumidas como normales, como revisar su hora de conexión del WhatsApp. Sin embargo, no por tratarse de algo inconsciente deja de ser una agresión o un maltrato.

A parte de las nuevas tecnologías, otras vías tradicionales como los medios de comunicación  hacen un flaco favor a la lucha contra la violencia y por la igualdad que, a día de hoy, se continúa presentando como una utopía. Esto se puede observar cada vez que ocurre un caso de maltrato: cuando una mujer es asesinada, se activa una especie de protocolo en el que los medios muestran el ataúd de la víctima y hacen entrevistas a los distintos vecinos de la zona, quienes aportan su opinión sobre el caso con frases como «parecían una pareja muy normal» o «nunca nos lo habríamos imaginado». Sin embargo, a pesar del revuelo que se crea en torno al suceso, al día siguiente, la sociedad ya ha olvidado el nombre de la víctima, quien pasa a ser un número más que se suma a la cifra total de asesinadas.

El amparo de la ley sobre los casos de violencia machista es siempre un tema de controversia en la sociedad. En 2005 se promulgó una ley que buscaba solucionar esta problemática pero que no ha sido reforzada ni renovada a lo largo de los años. Según el psicólogo Javier Brotons, «la ley contra la violencia de género es correcta, siempre y cuando la acompañen unos mecanismos, algo que no es así. Acabamos en lo teórico, no en lo práctico». Es decir, si se aprueba una ley que parece tener una buena base pero no se hace un seguimiento de su funcionamiento, se queda corta.

default.jpgEn España en el año 2015, 57 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas. Una cifra alarmante por la que cabría preguntarse si las medidas en contra de la violencia de género y los avances que la sociedad española está llevando a cabo son suficientes. Respecto a este tema, Brotons lo tiene claro, «es una cuestión complicada, y en un país como España más aún, un país donde los toreros marcan paquete y dominan con un sable al animal, etc., y eso, quieran o no quieran, se relaciona con el machismo y con la violencia».

En España, se ha instaurado una tendencia de telebasura caracterizada por la materialización de la mujer y la posesión como requisito esencial para mantener una relación romántica. Los grandes conglomerados mediáticos buscan la máxima audiencia  con programas que denigran en muchos casos la figura de la mujer y que fomentan la creación de pensamientos como el neomachismo, que se nutre de programas como Mujeres y Hombres y Viceversa. En marzo de 2015, por ejemplo, Telecinco consiguió una cuota del 17,1% con programas como Gran Hermano Vip con más de 3 millones de espectadores. La convivencia con la telebasura tiene connotaciones negativas a la hora de formar estereotipos que luego la sociedad asume. La crisis económica y la falta de ocupación provocan un mayor consumo de estos programas que invaden casi todas las franjas horarias en la televisión española.

Resolver la problemática del machismo y, por lo tanto, de la violencia de género es un proceso que tiene que comenzar desde la base. La educación es un requisito indispensable para conseguir este objetivo dado que muchas veces las actitudes machistas vienen como consecuencia de la incultura y de la aceptación de valores retrógrados y clasistas. Así pues, los argumentos que utiliza el neomachismo se apoyan en una base de desconocimiento de los valores del feminismo, por ejemplo cuando dicen que este no busca la igualdad sino la superioridad de la mujer respecto del hombre. En cambio habrían de concebir la lucha feminista de otra forma porque ésta, como decía Simone de Beauvoir, «es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente».

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